Su cuerpo de 50 mm de ancho se mantiene erguido como un pequeño frasco. No rueda. No se esconde bajo botellas. Se coloca sobre la encimera como una herramienta, no como un consumible.
La punta de silicona es suave al tacto y muy cómoda. No tiene dientes de plástico duro, ni bordes afilados, ni metal. Solo pequeñas protuberancias suaves y flexibles que prometen un masaje, no un arañazo.







